Carlos Ruano Llopis, el pintor que convirtió los toros en memoria de un siglo

De las cosas de MadridGratis: ocio gratis o muy barato en Madrid, consejos de ahorro; y curiosidades varias.

Moderadores: EstoEsElPueblo, Escribiente

Avatar de Usuario
EstoEsElPueblo
Mensajes: 2034
Registrado: Jue Ene 24, 2019 1:50 am

Carlos Ruano Llopis, el pintor que convirtió los toros en memoria de un siglo

Mensaje por EstoEsElPueblo »

Carlos Ruano Llopis, el pintor que convirtió los toros en memoria de un siglo
Carlos Ruano Llopis Autoretrato
Carlos Ruano Llopis Autoretrato.jpg
Un muchacho de Orba que aprendió a mirar deprisa

Carlos Ruano Llopis nació en Orba, en la provincia de Alicante, el 10 de abril de 1878, en el seno de una familia modesta y numerosa. Fue el cuarto de siete hermanos. La muerte temprana de su padre alteró pronto el curso natural de su infancia y le obligó a trabajar antes de tiempo. Aquel contratiempo, que en otras vidas habría sido puro lastre, en la suya acabó obrando como una extraña palanca: el muchacho dejó los estudios reglados y entró en un taller de abanicos, donde aprendió a dominar el dibujo con mano firme, rapidez y limpieza. Allí, entre varillas, sedas y ornamentos, comenzó a formarse el ojo del artista que más tarde sería capaz de detener en una superficie plana el vértigo de una verónica.
Carlos Ruano Llopis Escena taurina
Carlos Ruano Llopis Escena taurina.jpg
Carlos Ruano Llopis Escena taurina.jpg (36.07 KiB) Visto 191 veces
No venía Ruano de cuna regalada ni de salones académicos. Su primer aprendizaje fue manual, casi de oficio artesano, y eso dejó huella. Siempre conservó una relación muy física con la pintura: el trazo tenía que servir, resolver, contar. De ahí esa soltura suya que luego parecería milagrosa en los carteles taurinos. Antes que pintor de museo fue, en cierto modo, un trabajador del pulso. Y esa mezcla de necesidad, disciplina y talento explica parte de su posterior grandeza.
Pintor de barajas taurinas Carlos Ruano Llopis
Pintor de barajas taurinas Carlos Ruano Llopis.jpg
Valencia: academia, prensa y primera consagración

El siguiente escalón de su vida estuvo en Valencia. Allí ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, centro decisivo para su formación. La academia le dio método, corrección de dibujo y horizonte profesional. En 1909 obtuvo la medalla de oro de la Exposición Regional, premio que le abrió las puertas de una beca de estudios en Italia. El viaje fue importante porque pulió su base clásica y afinó su sentido de la composición, pero no le apartó de su destino verdadero: el mundo del color popular, de la prensa ilustrada, de la calle y del cartel.
Ruano Llopis cartel maestranza Sevilla 1925
Ruano Llopis cartel maestranza Sevilla 1925.jpg
Aquellos años valencianos fueron fundamentales también por otra razón: le dieron nombre y circulación. Colaboró con periódicos y revistas, ilustró críticas taurinas y fue haciéndose visible en un ecosistema en el que convivían el arte, el periodismo y la pasión por el espectáculo. Para un pintor de su tiempo, esa presencia pública importaba mucho. No se trataba solo de pintar bien, sino de hacerse imprescindible en una España que leía, comentaba y vivía la tauromaquia como una conversación nacional.
Ruano Llopis Pase de las flores
Ruano Llopis Pase de las flores.jpg
Ruano Llopis Pase de las flores.jpg (44.93 KiB) Visto 191 veces
El cartel taurino como género mayor

El gran giro de su carrera llegó en 1912, cuando envió un óleo de asunto taurino a la Litografía Ortega de Valencia. José Ortega, al ver aquella obra, comprendió que estaba ante un creador fuera de lo común y lo incorporó a sus talleres. De esa alianza nació una de las páginas más brillantes del cartelismo español. Al año siguiente, 1913, aquella pintura sirvió de base para el cartel de la despedida de Ricardo Torres “Bombita”, y desde entonces la firma de Ruano Llopis quedó ligada a la imagen moderna de los toros.
Retrado del presidente de la República Niceto Alcalá Zamora por Ruano Llopis
Niceto Alcalá Zamora por Ruano Llopis.jpg
Con Ruano, el cartel taurino dejó de ser una lámina eficaz y pasó a convertirse en una escena total. Supo combinar tipografía, arquitectura, símbolo local, figura femenina y lance taurino en una composición de lectura inmediata y de gran fuerza visual. Sus carteles no anunciaban solamente una corrida: anunciaban una ciudad, una estación del año, una emoción pública. Al fondo podía aparecer la Giralda, el Miguelete o la Puerta de Alcalá; en primer plano, una maja o una manola; y, envolviéndolo todo, el latido circular del ruedo. En eso fue un maestro absoluto y un creador de escuela.
Ruano Llopis Cartel monumental de Barcelona
Ruano Llopis Cartel monumental de Barcelona.jpg
Madrid, Sevilla y el reconocimiento público

En 1930 abrió estudio en Madrid, sin cortar del todo el hilo con Valencia. La capital le dio otra clase de visibilidad: por allí pasaron toreros, periodistas, políticos y aficionados de relieve. Su nombre ya no pertenecía solo al ámbito del cartel taurino, sino a un espacio más amplio donde convivían retrato, ilustración, prensa y prestigio social. De esos años procede, además, el retrato de Niceto Alcalá-Zamora, mencionado por diversas fuentes como una de sus obras de mayor resonancia institucional.
Carlos Ruano Llopis Paquito y Carmen
Carlos Ruano Llopis Paquito y Carmen.jpg
Pero si Madrid le dio escaparate, Sevilla le dio alimento visual. La feria sevillana fue para él una reserva permanente de color, movimiento y liturgia. Allí estaban la gracia ritual, el lucimiento del vestido, el caballo, el paseo, la plaza como teatro popular. Ruano entendió muy pronto que la tauromaquia no se agotaba en la suerte: era también paisaje humano, coreografía social, geografía sentimental. Por eso sus mejores composiciones no muestran solo al torero y al toro, sino todo el clima que los rodea.
Carlos Ruano Llopis El arrastre
Carlos Ruano Llopis El arrastre.jpg
La tauromaquia: oficio, pasión y conocimiento íntimo

En la obra de Carlos Ruano Llopis, la tauromaquia no fue un género lateral ni un mero asunto comercial. Fue su idioma principal. Pocos artistas de su tiempo entendieron tan bien que el toreo vive de instantes que duran un segundo y, sin embargo, dejan una impresión duradera. Su pincelada rápida, viva y resuelta le permitía atrapar precisamente eso: la suspensión del cite, el embroque, la salida del pase, el ademán del subalterno, el arrastre del toro, la expectación del tendido. No pintaba toros desde fuera; los pintaba desde dentro de la emoción taurina.
Ruano Llopis Cartel Monumental de Barcelona 1934
Ruano Llopis Cartel Monumental de Barcelona 1934.jpg
Su afición fue tan intensa que más de una fuente recuerda que quiso ser torero y que desistió por respeto y devoción hacia su madre, a la que llamaba la Morena Garbosa. Esa anécdota, repetida con insistencia en la tradición biográfica, no es menor. Ayuda a entender por qué Joselito pudo decir de uno de sus carteles que quien lo había pintado sabía torear, aunque nunca hubiera toreado. El elogio iba más allá de la cortesía: reconocía en el pintor a alguien que poseía una intuición verdadera del ritmo, de la distancia y de la colocación.
Carlos Ruano Llopis Fiesta en México Mariachis
Carlos Ruano Llopis Fiesta en México Mariachis.jpg
Publicó además Impresiones del natural, editado en 1931 por Ortega, y años después Mi tauromaquia, impreso en México en 1943 en tirada limitada, libros que ayudan a medir hasta qué punto no era solo un pintor de encargos, sino un verdadero intérprete plástico de la lidia. Su obra fijó una iconografía que después copiarían, adaptarían o reverenciarían otros cartelistas. A fuerza de repetirse, su fórmula acabó pareciendo natural; pero fue él quien la llevó a su plenitud.
Carlos Ruano Llopis Bravo y con poder
Carlos Ruano Llopis Bravo y con poder.jpg
De España a México: una segunda vida

El otro gran escenario de su existencia fue México. Llegó allí en 1933, invitado por el ambiente taurino y periodístico, y el país lo conquistó enseguida. Diversas crónicas sitúan su llegada en enero de ese año, con desembarco en Veracruz. Lo que en principio podía parecer un viaje profesional terminó convertido en una mudanza del alma. Tras la muerte de su madre, en 1934, quedó definitivamente vinculado a tierras mexicanas.
Ruano Llopis Darnell y Rita Hayworth
Ruano Llopis Darnell y Rita Hayworth.jpg
En México amplió su repertorio sin traicionarse. Siguió pintando toros, naturalmente, pero también charros, rodeos, ambientes populares y escenas en las que su mirada española encontraba un nuevo campo de resonancia. Su carrera adquirió entonces una dimensión transatlántica poco habitual para un cartelista de su tiempo. Entre Alicante, Valencia, Madrid y México quedó tendido un puente artístico que explica bien por qué su nombre pertenece tanto a la historia cultural española como a la mexicana.
Ruano Llopis La doma
Ruano Llopis La doma.png
Un pintor conocido, solicitado y con mundo

No conviene encerrar a Ruano Llopis solo en el cartel taurino, aunque ahí esté una parte central de su leyenda. Fue también retratista, ilustrador y artista de proyección internacional. Expuso en distintas ciudades y trabajó para un público amplio. En 1938, durante una estancia en Venezuela, recibió el encargo de pintar a Simón Bolívar. Más tarde colaboró con la industria de Hollywood en la película Sangre y arena, vinculada a la novela de Vicente Blasco Ibáñez, para la que diseñó carteles y asesoró en escenas taurinas. Eso lo sitúa ya en un nivel de celebridad artística que sobrepasa el circuito local o incluso nacional.
Carlos Ruano Llopis Fiesta en México Mariachis
Su importancia pública residió precisamente en esa rara combinación de prestigio popular y reconocimiento profesional. Gustaba al gran público porque sus imágenes eran directas, bellas y vibrantes. Gustaba a los aficionados porque conocía la fiesta. Y gustaba a los entendidos del arte porque detrás de la eficacia visual había dibujo, composición y oficio. No es extraño que su obra continúe en museos, colecciones y catálogos especializados, ni que siga apareciendo como nombre mayor cuando se habla de la edad de oro del cartel taurino.
Carlos Ruano Llopis Cartelería de cine
Carlos Ruano Llopis Cartelería de cine.jpg
El último tramo y el legado

Los últimos años de Carlos Ruano Llopis estuvieron marcados por la enfermedad y por el deseo, nunca cumplido, de volver a España. Murió en Ciudad de México el 2 de septiembre de 1950. No regresó a Orba, ni a Valencia, ni a las plazas españolas que tanto había recorrido con los ojos y con la memoria. Pero dejó hecha la vuelta más importante: la de la posteridad.
Ruano Llopis Manolete
Ruano Llopis Manolete.jpg
Hoy sigue siendo, con pleno derecho, uno de los grandes artistas españoles de la primera mitad del siglo XX y probablemente el cartelista taurino más influyente de su tiempo. Para un lector de hoy, Ruano importa por varias razones a la vez: porque cuenta una geografía —Orba, Valencia, Madrid, Sevilla, Roma, Veracruz, Ciudad de México—; porque explica un estilo; porque pone rostro visual a la tauromaquia de una época; y porque demuestra que un artista popular puede alcanzar altura histórica sin perder pulso ni verdad. En sus carteles, en sus libros y en sus cuadros no hay simple pintoresquismo: hay memoria española, hay mundo taurino y hay una manera de mirar que todavía hoy conserva nervio y luz.
Ruano Llopis Mexicana de Aviación.jpg
Ruano Llopis Mexicana de Aviación
Un foro :idea: es mejor que twitter, mejor que facebook, mejor que instagram... ¿por qué? Este foro es taurino; las redes sociales son antis :evil: .

Responder