Página 1 de 1

Robert Ryan: desde las playas de California hasta el misterio del toro

Publicado: Dom Ago 02, 2026 2:28 pm
por EstoEsElPueblo
Robert Ryan: desde las playas de California hasta el misterio del toro

Robert Ryan nació en California en 1944, probablemente en Inglewood, dentro del área metropolitana de Los Ángeles. Las fuentes reunidas no coinciden plenamente sobre el día de nacimiento —aparecen el 4 y el 13 de agosto—, por lo que conviene mantener pendiente ese dato hasta localizar una fuente documental definitiva. Creció en una familia acomodada, sin antecedentes taurinos y en un ambiente cultural aparentemente alejado del toro. Sin embargo, llegó a convertirse en matador, pintor, grabador, escultor, fotógrafo y escritor: una trayectoria excepcional construida alrededor de una vocación que no heredó, sino que descubrió y defendió contra su entorno y contra las fronteras culturales y administrativas de su tiempo.
Robert Ryan en sus años como torero
Robert Ryan en sus años como torero.jpg
Su primera relación con el toro fue visual. Desde niño mostró facilidad para el dibujo y una intensa sensibilidad hacia los animales. Durante un viaje familiar a Tijuana, cuando tenía alrededor de cinco años, quedó fascinado por un pequeño toro de juguete o de escayola que sus padres le compraron en un puesto. Aquel objeto permaneció en su memoria como el primer anuncio de una vida taurina.

En otra experiencia decisiva contempló ganado encerrado y hacinado en una explotación californiana; el olor y las condiciones de aquellos animales lo impresionaron hasta el punto de dejar temporalmente de dibujar toros. Recuperó su entusiasmo cuando vio la fotografía de un toro bravo viviendo en libertad en el campo. De esa contraposición surgió una de sus convicciones más singulares: afirmó que se hizo torero precisamente por ser animalista.
Robert Ryan en el cartel taurino
Robert Ryan en el cartel taurino.jpg
Robert Ryan en el cartel taurino.jpg (15.45 KiB) Visto 378 veces
El nacimiento de una vocación imposible
La vocación adquirió una forma concreta hacia los once o doce años. Un reportaje de la revista True, con Carlos Arruza en portada, lo llevó a buscar libros, fotografías y revistas taurinas. Consiguió ejemplares de El Ruedo y recorrió los cines de los barrios hispanos de Los Ángeles hasta encontrar Torero, la película de Carlos Velo sobre Luis Procuna. Apenas comprendía el español, pero la intensidad de las imágenes le reveló un mundo trágico y artístico que deseó conocer desde dentro. En su casa practicaba con un gato y, sobre todo, con su perro bóxer, al que citaba con una sábana teñida de rojo porque, según recordaba, embestía de maravilla.

Otra parte de su aprendizaje intuitivo se produjo en el mar. Ryan practicaba bodysurf en las playas californianas y aprendió a percibir el ritmo de las olas, a dejarse llevar por su fuerza sin oponerse bruscamente a ella y a acompasar el cuerpo a un movimiento superior. Más tarde relacionó aquella sensación con el temple: subir y bajar con la ola, gobernar sin violencia una energía que no podía detener. Llegó a afirmar que fue en el mar donde comenzó a sentir el toreo. También aseguró que las plazas próximas al mar le trajeron suerte.
Robert Ryan Me hice torero porque soy animalista
Robert Ryan Me hice torero porque soy animalista.jpg
Su primera corrida en directo, presenciada en Tijuana hacia 1958, estuvo muy lejos de ser una confirmación serena. El joven que había idealizado el toreo mediante imágenes en blanco y negro se mareó al contemplar la sangre real y no pudo mirar durante algunos momentos. La impresión le produjo una profunda decepción consigo mismo.

Sin embargo, en lugar de abandonar la idea, se dirigió hacia la puerta de toriles y comunicó a sus padres que quería ser torero. También se lo confesó a la madre superiora del colegio católico en el que estudiaba. Ella lo escuchó con comprensión; sus padres, en cambio, consideraron que se trataba de una extravagancia adolescente. Además, Ryan padecía miopía y utilizaba gafas gruesas, aunque más adelante torearía con lentes de contacto.
Robert Ryan entra a matar toro de alternativa
Robert Ryan entra a matar toro de alternativa.jpg
Pepe Ortiz, el padre taurino
En California se incorporó a la peña taurina Seda, Sangre y Sol, situada en el valle de San Fernando, y comenzó a practicar con becerros. El antiguo torero Rafael Larrea, al que conoció en Hollywood, facilitó el contacto que cambiaría su vida: el de Pepe Ortiz, conocido como el Orfebre Tapatío. Ryan participó en 1959 en una tienta en San Miguel de Allende y, desde enero de 1962, Ortiz lo acogió en su propia casa. No fue solamente un maestro técnico, sino el hombre que le proporcionó una familia taurina, unos códigos profesionales y una tradición.

Pepe Ortiz era una figura fundamental del toreo mexicano y un extraordinario creador con el capote. Bajo su tutela, Ryan conoció la importancia del quite por las afueras, el quite de oro y otras suertes en las que la tela no era un simple instrumento defensivo, sino un medio de expresión artística. Ortiz le enseñó asimismo que el sentimiento taurino no dependía del lugar de nacimiento. Gracias a él entrenó en casa de Luis Procuna y trató o conoció a figuras como Rodolfo Gaona, Carlos Arruza, Cagancho y miembros de la familia Solórzano. El muchacho californiano quedó así incorporado a una genealogía taurina mexicana que difícilmente habría podido alcanzar por sus propios medios.
Robert Ryan Ilustración caja de cerillas
Robert Ryan Ilustración caja de cerillas.png
Robert Ryan Ilustración caja de cerillas.png (114.69 KiB) Visto 378 veces
La decisión de hacerse torero tuvo un coste. Sus profesores le ofrecieron una beca universitaria completa de cuatro años para desarrollar sus capacidades artísticas, pero Ryan la rechazó. Prefirió trasladarse a México y someterse a una formación incierta, sin garantías de éxito.

Debió aprender español, desenvolverse en un ambiente profesional cerrado, acostumbrarse a viajes incómodos, pensiones modestas, capeas, tentaderos y largos periodos sin contratos. Procedía de una familia que podía proporcionarle seguridad económica, pero eligió voluntariamente la precariedad de quien busca una oportunidad frente al toro. Nunca presentó el toreo como un medio para enriquecerse: lo concibió como una necesidad artística y espiritual.
El toreo de capa de Robert Ryan
El toreo de capa de Robert Ryan.gif
El toreo de capa de Robert Ryan.gif (55.95 KiB) Visto 378 veces
Del aprendizaje al traje de luces
Debutó en El Toreo de Tijuana en 1961. El 5 de mayo de 1962 vistió por primera vez el traje de luces en Sabinas, Coahuila, en un mano a mano con Américo Garza, y cortó dos orejas. Ese mismo año concluyó sus estudios en el instituto Morningside. El 7 de agosto de 1966 se presentó en la Plaza México junto a Antonio Lomelín y Salvador Santoyo. El 11 de junio de 1967 tomó la alternativa en Tijuana, con Raúl García como padrino y Gabino Aguilar como testigo —alguna fuente escribe Sabino—, ante toros de Santo Domingo. Lidió con éxito sus dos toros y salió a hombros.

Su condición estadounidense produjo reacciones que a menudo lo incomodaron. En una actuación importante la banda interpretó Barras y Estrellas en lugar de un pasodoble. Ryan no recibió el gesto como un homenaje, pues no quería ser exhibido como una curiosidad extranjera: aspiraba a ser juzgado exclusivamente como torero. La frase que mejor resume aquella posición es inequívoca: «No soy un torero de Estados Unidos, soy torero». Algunas crónicas elogiaron su actuación con una fórmula que contenía admiración y prejuicio al mismo tiempo: «Torea como si no fuera norteamericano».
Estudio sobre Rafael de Paula por Robert Ryan
Estudio sobre Rafael de Paula por Robert Ryan.jpg
Estudio sobre Rafael de Paula por Robert Ryan.jpg (8.49 KiB) Visto 378 veces
Su carrera se desarrolló principalmente en México y sumó aproximadamente un centenar de paseíllos. Su toreo respondía a una concepción clásica: buscaba el temple, la lentitud, la pureza de las líneas y una relación sincera con la embestida. Para él, la corrida estaba más cerca de un sacrificio ritual que de un entretenimiento. Comparaba su solemnidad con la de una misa y le desagradaban la frivolidad y la juerga previas al festejo. Esta visión, profundamente romántica, podía resultar poco práctica dentro de una profesión dominada también por intereses empresariales y estrategias comerciales.
Robert Ryan Capas de olvido
Robert Ryan Capas de olvido.jpg
España, la frontera más difícil
España representó su mayor deseo y su mayor frustración. Llegó en una época marcada por el éxito popular de El Cordobés y por un sistema profesional fuertemente regulado. No existía un convenio taurino que amparase a los toreros estadounidenses y el Sindicato del Espectáculo dificultó su contratación. Para poder actuar en algunas plazas utilizó el seudónimo Luis Miguel Sandino y llegó a aparecer con identidades ficticias en los carteles. Paradójicamente, el hombre que se había negado a cambiar de nombre por razones publicitarias tuvo que ocultarlo para poder torear.
Robert Ryan cartel corrida de la Beneficencia
Robert Ryan cartel corrida de la Beneficencia.png
Bajo la dirección de Manolo Lozano y en contacto con los hermanos Lozano y el entorno de los Dominguín, consiguió participar en diversas novilladas y festejos. Entrenó en la Casa de Campo madrileña, recorrió plazas de pueblos y conoció el mundo áspero de las capeas. En Venta del Moro, el 15 de agosto de 1972, entró en el cartel como sustituto de última hora: viajó desde Madrid, toreó vestido de corto y quedó tan atraído por el ambiente local que no deseaba marcharse. Aquella actuación constituye una de las estampas más humanas de su paso por España.

El 8 de octubre de 1972 sufrió una grave cornada en Vista Alegre, Madrid, causada por un toro de Eugenio Marín Marcos. Otra herida, fechada en febrero de 1973 en los materiales recopilados, terminó de comprometer sus posibilidades. Las cornadas y las dificultades administrativas impidieron que confirmara la alternativa en Las Ventas. A ello se añadió una realidad comercial: los empresarios preferían contratar extranjeros procedentes de países donde los toreros españoles pudieran obtener contratos a cambio. Estados Unidos carecía de ese mercado de retorno. Ryan resumió con amargura esa experiencia: «El negocio siempre es más importante que el toreo».
Robert Ryan en su domicilioDesolysombra
Robert Ryan De sol y sombra en su domicilio.jpg
Un torero sin fronteras
No obstante, su fracaso empresarial en España no equivale a un fracaso artístico. Su presencia ensanchó las fronteras simbólicas de la tauromaquia. Antes que él habían vestido de luces otros estadounidenses, entre ellos Sidney Franklin y John Fulton, este último también pintor. Ryan continuó aquella breve estirpe, pero aportó una dimensión propia: la reflexión sistemática sobre el toreo como lenguaje universal y su traslación a la pintura y la literatura.

Su condición extranjera le permitió observar la tauromaquia desde una perspectiva doble. La conoció primero como una revelación remota, contemplada desde California, y después como una disciplina vivida desde dentro. No recibió sus códigos por herencia familiar ni por convivencia infantil con las plazas, sino que debió conquistarlos de manera consciente. Aprendió el idioma, el vocabulario técnico, los comportamientos profesionales y la historia del toreo hasta hacerlos propios. Esa trayectoria demostró que la identidad taurina podía transmitirse más allá del nacimiento y de la nacionalidad.

José Tomás resumió la singularidad en el prólogo de sus memorias al preguntarse cómo un hombre nacido en Los Ángeles había logrado comprender y vivir de manera tan pura la tauromaquia. La pregunta no aludía únicamente a su paso por el ruedo. Señalaba también su capacidad para pensar el toreo, interpretarlo y convertirlo en una obra cultural más amplia. Ryan no fue simplemente un estadounidense que consiguió ser matador: fue un artista que incorporó una mirada nueva a una tradición antigua sin desnaturalizarla.
Robert Ryan El Tercio de muerte
Robert Ryan El Tercio de muerte.JPG
La pintura como prolongación de la faena
Ryan permaneció en activo hasta aproximadamente 1982, aunque ha señalado que nunca llegó a retirarse de manera formal. En realidad, no abandonó el toreo, sino que modificó sus instrumentos. El capote, la muleta y la espada fueron sustituidos gradualmente por el pincel, el grabado y la escritura. Su obra posterior no contempla la corrida desde fuera: procede de la memoria física de quien ha esperado una embestida y ha sentido los pitones a escasa distancia.

Como pintor desarrolló un lenguaje figurativo y expresionista. El toro aparece como una masa de energía; el torero, como una figura amenazada o creadora; y el capote, como un vuelo que ordena el movimiento. Algunos críticos han advertido rasgos picassianos en su trazo, aunque su obra posee una raíz autobiográfica que la distingue de la visión puramente exterior. Ha expuesto en España, México, Estados Unidos y Ecuador, y ha trabajado también como escultor, fotógrafo y grabador.

La pintura de Robert Ryan no intenta reproducir de manera fotográfica una escena de la lidia. Busca expresar la energía que atraviesa el encuentro entre el toro y el torero: la tensión del cuerpo, el vuelo de la tela, el vacío que separa al hombre de los pitones y la luz que transforma el ruedo. Su experiencia profesional le permitió representar no solo las formas visibles, sino también el miedo, el riesgo y la duración interior de cada lance.
Robert Ryan en el museo taurino de Córdoba
Robert Ryan en el museo taurino de Córdoba.jpg
Los carteles de la Beneficencia
La Comunidad de Madrid le encargó los carteles de la Corrida de Beneficencia de 2014 y 2016. El primero, titulado Edad de oro, evocaba el centenario de la gran temporada madrileña de Joselito y Belmonte y otorgaba especial protagonismo al azul del traje de luces. Ryan explicó que este color, además de poseer una larga tradición taurina, representa para el torero la ilusión de estrenar un vestido.

En 2016 realizó Chicuelina, consagrada a una de las suertes fundamentales del capote. Ese mismo año creó obras vinculadas a la campaña de José Tomás. El reconocimiento poseía una significación especial: Madrid, la ciudad en la que no había podido confirmar la alternativa, lo consagraba décadas después como artista taurino. El hombre al que se le habían cerrado las puertas del ruedo entraba en Las Ventas mediante sus pinturas.

En esas obras se advierte la continuidad entre el matador y el pintor. El dominio del capote se convierte en composición; el movimiento de la embestida, en línea; y la memoria del traje de luces, en color. La pintura no fue para él un refugio después del toreo, sino otra manera de seguir toreando.
Robert Ryan en su domicilio con sus obras El País
Robert Ryan en su domicilio con sus obras El País.jpg
El escritor del misterio taurino
Su producción literaria constituye la otra gran prolongación de su experiencia. Vestigios de sangre, poema narrativo, obtuvo en 1987 el Premio Antonio Díaz-Cañabate. En El toreo de capa reunió y estudió numerosas suertes clásicas y posteriores a la revolución belmontina; la obra apareció en una edición de bibliófilo limitada a 1.500 ejemplares encuadernados en seda.

También publicó El tercio de la muerte, Trapío verde y otros trabajos dedicados a la técnica, el paisaje y el misterio taurinos. En 2010 ilustró Soñando la gloria, de Rafael Peralta Revuelta. Su escritura combina el conocimiento técnico del profesional con una prosa de intención poética. No se limita a explicar cómo se ejecuta una suerte: trata de comprender qué significa, qué emoción contiene y por qué un instante de toreo puede quedar fijado en la memoria.

Su dominio del castellano resulta especialmente significativo. Ryan aprendió español para acercarse al mundo taurino, pero terminó escribiendo en esa lengua con una precisión y una riqueza propias de quien había vivido sus palabras desde dentro. Términos como temple, terreno, querencia, trapío o embestida no fueron para él simples voces técnicas: formaron parte de una manera de entender la vida y el arte.
Robert Ryan ilustrador Los heterodoxos del toreo
Robert Ryan ilustrador Los heterodoxos del toreo.gif
Robert Ryan ilustrador Los heterodoxos del toreo.gif (53.8 KiB) Visto 378 veces
Capas de olvido
En 2023 apareció Capas de olvido. Desde las playas de California a las profundidades del toreo, publicada por El Paseíllo, con prólogo de José Tomás e introducción de Paco Aguado. La obra reconstruye el itinerario que condujo a un adolescente californiano desde el océano Pacífico hasta las plazas mexicanas y españolas.

El título resume una vida atravesada por diferentes capas: la infancia americana, el aprendizaje mexicano, las dificultades españolas, la profesión taurina, la pintura y la literatura. También alude a la memoria, a aquello que el tiempo cubre, pero no consigue borrar. Ryan escribe desde la experiencia del hombre que recuerda y desde la sensibilidad del artista que intenta otorgar forma a lo vivido.

Para él, escribir significa buscar con palabras el mismo temple que antes procuraba con el capote. La frase, la pincelada y el lance obedecen a una aspiración semejante: detener el tiempo durante un instante y transformar el riesgo o el movimiento en belleza.
Robert Ryan Torero pintor y escritor
Robert Ryan Torero pintor y escritor.jpg
Una vida convertida en obra
Instalado en Madrid, cerca del parque del Retiro, Robert Ryan ha acabado viviendo precisamente en el país donde más obstáculos encontró como matador. Existe en ello una ironía profunda: España le negó parte del triunfo profesional que buscaba, pero terminó convirtiéndose en el lugar desde el que desarrolló su madurez pictórica y literaria.

Su biografía no es únicamente la historia pintoresca de un estadounidense que quiso torear. Es la trayectoria de un artista que atravesó idiomas, países y prejuicios para demostrar que la tauromaquia podía transmitirse fuera de la sangre, la familia y la nacionalidad. La condición de extranjero no debilitó su vínculo con el toro; lo obligó a construirlo con una conciencia y una intensidad extraordinarias.

Toreo, pintura y escritura forman en Robert Ryan una sola obra. Son tres maneras de acercarse al misterio del toro: primero desde la arena, después desde el lienzo y finalmente desde la palabra. Su vida entera puede contemplarse como una larga faena iniciada ante un pequeño toro de Tijuana y prolongada durante décadas entre California, México y España.