Sinaloa — Estado Libre y Soberano de Sinaloa
Sinaloa es uno de los estados más importantes del noroeste de México. Posee una superficie aproximada de 57.300 km² y, según el Censo de Población y Vivienda 2020, cuenta con 3.026.943 habitantes. Limita al norte con Sonora; al este con Chihuahua y Durango; al sur con Nayarit; y al oeste con el golfo de California y el océano Pacífico. Para el lector español, puede compararse con una extensa región mediterránea en la que conviven una agricultura intensiva de enorme productividad, importantes puertos pesqueros y turísticos, amplias llanuras costeras y las estribaciones de la Sierra Madre Occidental.
Sinaloa, ubicación en México y estados vecinos
La capital es Culiacán Rosales, principal centro político, administrativo y comercial del estado. Entre las demás ciudades destacan Mazatlán, gran puerto turístico y pesquero del Pacífico; Los Mochis, núcleo agroindustrial del norte; Guasave, Guamúchil, Navolato, El Fuerte, Escuinapa y Rosario. La economía sinaloense descansa especialmente en la agricultura, la ganadería, la pesca, la industria alimentaria, el comercio y el turismo.
Culiacán de Rosales ciudad fundada en 1531, hoy capital del estado
La relación histórica de Sinaloa con España comenzó en el siglo XVI. Las expediciones encabezadas por Nuño Beltrán de Guzmán penetraron en la región durante la conquista del noroeste novohispano, y en 1531 fue fundada la villa de San Miguel de Culiacán. Posteriormente, misioneros jesuitas y franciscanos extendieron los asentamientos, las explotaciones agropecuarias y las rutas comerciales hacia el norte.
Mazatlán, ciudad fundada en 1531
La presencia española se superpuso a un territorio habitado por numerosos pueblos originarios, especialmente grupos de lengua cahíta. Entre ellos sobresale el pueblo Mayo-Yoreme, cuyas comunidades continúan asentadas principalmente en los municipios septentrionales de Ahome, El Fuerte, Choix, Guasave y Sinaloa de Leyva. La lengua yoreme pertenece a la familia yutoazteca, mientras que sus ceremonias, danzas y formas tradicionales de organización mantienen una presencia relevante en la identidad regional.
Guasave, ciudad fundada en 1595
El patrimonio sinaloense reúne arquitectura colonial, antiguos centros mineros, manifestaciones indígenas y paisajes de gran riqueza natural. Sobresalen los conjuntos históricos de El Fuerte, Cosalá, Mocorito y Rosario, así como el centro tradicional de Mazatlán, presidido por la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción y el Teatro Ángela Peralta.
Cosalá, pueblo mágico de Sinaloa, fundado en 1562
Especial importancia posee la Zona Arqueológica de Las Labradas, situada en la costa del municipio de San Ignacio. En sus rocas volcánicas, bañadas directamente por el Pacífico, se conservan centenares de petrograbados con representaciones humanas, animales, solares y geométricas. El Instituto Nacional de Antropología e Historia considera el lugar un conjunto arqueológico excepcional por su emplazamiento y por la concentración de grabados rupestres.
Zona Arqueológica Las Labradas
Parte de la costa y de las islas sinaloenses se integra, además, en el bien natural denominado Islas y áreas protegidas del golfo de California, inscrito por la UNESCO en la lista del Patrimonio Mundial. Este conjunto comprende 244 islas, islotes y espacios costeros de extraordinaria diversidad biológica.
El Fuerte, pueblo mágico de Sinaloa Fundado en 1564
La tauromaquia llegó a Sinaloa durante el periodo virreinal como parte del patrimonio cultural, festivo y ganadero introducido por los españoles. Las celebraciones con toros acompañaron fiestas religiosas, acontecimientos civiles y reuniones populares, primero en espacios improvisados y, con el paso del tiempo, en plazas construidas expresamente para la lidia.
Mocorito, pueblo mágico de Sinaloa Fundado en 1594
Su implantación fue menor que la alcanzada en los grandes territorios taurinos del centro de México, pero desarrolló características propias. La distancia respecto de las principales regiones criadoras de toro bravo impidió la consolidación de una temporada extensa, aunque no eliminó una afición estable ni la celebración periódica de corridas, novilladas, festejos de rejones y espectáculos cómico-taurinos.
Mazatlán, festival taurino benéfico en 2015
Mazatlán, por su condición de puerto turístico y por la importancia de su carnaval, se convirtió en el principal foco taurino del estado. Las corridas ligadas al Carnaval Internacional de Mazatlán reunieron durante décadas a figuras mexicanas y españolas, rejoneadores y agrupaciones de forcados. La fiesta formó parte del amplio programa de celebraciones con el que la ciudad recibía a miles de visitantes.
Monumental Plaza de Toros de Mazatlán «Eduardo Funtanet» Hoy arrasada por la piqueta
El coso más importante fue la Monumental Plaza de Toros de Mazatlán «Eduardo Funtanet». Inaugurada el 7 de abril de 1974, disponía de unas 8.000 localidades. Por su ruedo pasaron figuras como Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Francisco «Curro» Rivera, Miguel Espinosa «Armillita Chico», Julián López «El Juli» y el rejoneador español Pablo Hermoso de Mendoza.
Forcados de Mazatlán grupo de amadores según la tradición taurina de Portugal
El rejoneo alcanzó una importancia especial en la plaza mazatleca gracias a las actuaciones de Gastón Santos, Antonio Prates, Alejandro Amaya, Mónica Serrano y otros caballistas. Junto a ellos adquirieron notoriedad los Forcados de Mazatlán, agrupación inspirada en la tradición portuguesa de enfrentarse al toro sin armas y ejecutar la denominada pega.
Plaza de toros de Culiacán construida en 1960
Además de los festejos taurinos, la Monumental Eduardo Funtanet acogió conciertos, lucha libre, actos políticos y otros espectáculos populares. Tras años de actividad irregular, el edificio fue demolido en mayo de 2023 para permitir la construcción de un complejo inmobiliario. Su derribo hizo desaparecer el principal testimonio arquitectónico de la historia taurina sinaloense y privó a Mazatlán de uno de sus recintos tradicionales.
En Culiacán también existió una plaza permanente, inaugurada el 15 de noviembre de 1985 con la actuación de Manolo Arruza y Manolo Mejía ante reses de Huichapan. Su actividad fue más intermitente que la del coso mazatleco y no llegó a consolidar una temporada continuada. En Los Mochis, Guasave y otras poblaciones se organizaron igualmente novilladas, festivales y festejos en plazas provisionales.
La situación legal cambió a partir de la tramitación del Decreto 581. La reforma fue aprobada inicialmente por la LXIII Legislatura del Congreso del Estado el 28 de enero de 2021, aunque las observaciones formuladas por el Poder Ejecutivo retrasaron la conclusión del procedimiento. Posteriormente, el expediente regresó al Ejecutivo para completar su publicación y entrada en vigor.
La reforma incluyó las corridas de toros entre las actividades prohibidas por la legislación estatal. La norma emplea la formulación «espectáculos en los que se maltrata o causa la muerte de animales», expresión que reproduce la consideración defendida por sus promotores y trasladada al texto legal. Esta es una tipificación jurídica introducida por la reforma, no una definición técnica, histórica o cultural aceptada por el sector taurino.
En consecuencia, Sinaloa se encuentra actualmente entre los estados mexicanos que prohíben la celebración de corridas de toros. A diferencia de otros territorios donde existen suspensiones judiciales circunscritas a determinados municipios o plazas, la restricción sinaloense procede de una reforma legislativa de alcance estatal.
La prohibición fue promovida por organizaciones antitaurinas, grupos animalistas y representantes políticos favorables a la eliminación de las corridas. En Mazatlán se habían celebrado concentraciones contra la tauromaquia desde años anteriores, entre ellas la organizada en enero de 2019 ante el palacio municipal. Estas movilizaciones formaron parte de la campaña política que terminó trasladando las demandas prohibicionistas al Congreso de Sinaloa.
La aprobación de la reforma no resolvió el debate cultural existente. La consideración jurídica incorporada a la ley es rechazada por aficionados, profesionales, ganaderos y estudiosos de la tauromaquia, quienes entienden la lidia como una manifestación cultural con lenguaje, liturgia, conocimientos y valores propios, además de como una actividad económica relacionada con la crianza especializada del toro bravo.
Los sectores taurinos también señalaron que la prohibición afectaba a matadores, novilleros, rejoneadores, subalternos, monosabios, empleados de plaza, veterinarios, músicos, vendedores y empresarios. A ello se añadió la pérdida de una parte de la programación festiva de Mazatlán y la ausencia de medidas destinadas a documentar y conservar el patrimonio material e inmaterial generado durante décadas alrededor de sus plazas.
La afición sinaloense, aunque asentada en un territorio con menor densidad taurina que el Bajío o el centro de México, mantuvo una presencia reconocible alrededor del carnaval, el rejoneo y los Forcados de Mazatlán. No puede deducirse de la aprobación de la prohibición que esa afición fuese inexistente o socialmente irrelevante. La continuidad de los festejos durante décadas y la categoría de los toreros contratados demuestran que existió un público capaz de sostener acontecimientos taurinos de importancia.
La ganadería de bravo tuvo una presencia limitada en Sinaloa. El estado no llegó a concentrar explotaciones comparables a las establecidas en Jalisco, Zacatecas, Aguascalientes, Querétaro o Tlaxcala. Las corridas celebradas en Mazatlán y Culiacán se abastecieron habitualmente con reses procedentes de otras entidades. Entre los hierros anunciados en sus carteles figuraron Huichapan, Cuco Peña y diversas ganaderías del centro y del occidente mexicano.
Esta dependencia exterior no resta valor a la historia taurina del estado. Al contrario, muestra la capacidad de sus empresarios para trasladar toros, caballos y profesionales a una región alejada de los principales circuitos ganaderos. Las corridas sinaloenses funcionaron también como punto de encuentro entre el mundo taurino del centro de México, el turismo del Pacífico y la cultura ecuestre del noroeste.
Las charreadas, cabalgatas, carreras de caballos y determinadas modalidades de jaripeo continúan sometidas a su normativa específica. Esta diferencia jurídica evidencia que la reforma se dirigió particularmente contra los festejos taurinos, pese a que estos compartían con otras actividades ganaderas y ecuestres una parte de su contexto rural, profesional y cultural.
Resumen y cierre: Sinaloa es una entidad esencial para comprender el noroeste mexicano, caracterizada por la fertilidad de sus valles, la riqueza de sus costas, la cultura Mayo-Yoreme y la personalidad de ciudades como Culiacán, Los Mochis y Mazatlán. Su tradición taurina, aunque menos extensa que la de los estados del centro del país, contó con una plaza relevante, corridas de carnaval, grandes figuras del toreo, rejoneadores y una singular presencia de forcados. La prohibición legal de las corridas y la demolición de la Monumental Eduardo Funtanet cerraron una etapa fundamental de esa historia, pero no borran el patrimonio cultural y la memoria taurina acumulados durante siglos.
Principales ferias taurinas
La gran cita taurina del estado fue durante décadas la corrida del Carnaval Internacional de Mazatlán, celebrada generalmente entre febrero y marzo. Sus carteles reunieron a matadores, rejoneadores y forcados mexicanos y extranjeros, y formaron parte de uno de los acontecimientos festivos más importantes del Pacífico mexicano. También se organizaron festejos coincidiendo con aniversarios de la plaza, temporadas turísticas y fechas especiales.
En Culiacán, Los Mochis, Guasave y algunas poblaciones rurales se celebraron novilladas, festivales y festejos ocasionales, aunque ninguno alcanzó la continuidad ni la proyección de las corridas de Mazatlán. Desde la entrada en vigor de la prohibición estatal no existe una feria taurina legalmente activa en Sinaloa.
Plazas de toros fijas o de especial importancia
La plaza histórica de referencia fue la Monumental Plaza de Toros de Mazatlán «Eduardo Funtanet», inaugurada en 1974, con capacidad aproximada para 8.000 espectadores y demolida en 2023. Durante casi medio siglo constituyó el principal escenario taurino del estado y uno de los recintos populares más reconocibles de la ciudad.
También destacó la Plaza de Toros de Culiacán, inaugurada en 1985 y utilizada de manera intermitente. En Los Mochis, Guasave y otras localidades se levantaron plazas provisionales o recintos de menor entidad para la celebración de novilladas, festivales, jaripeos y espectáculos ecuestres.
Personalidades ligadas a la tauromaquia
Una de las personalidades más estrechamente asociadas a la historia taurina sinaloense fue Eduardo Funtanet, rejoneador y figura destacada del toreo a caballo mexicano. Su vinculación con Mazatlán quedó perpetuada en la denominación oficial de la plaza Monumental. El prestigio del rejoneo contribuyó a configurar una de las señas distintivas de los festejos celebrados en el puerto.
Especial importancia tuvieron los Forcados de Mazatlán, agrupación que incorporó a los festejos sinaloenses la tradición portuguesa de la pega. Su presencia junto a los rejoneadores otorgó a las corridas de carnaval un carácter particular dentro del panorama taurino mexicano.
Entre las figuras que dejaron mayor recuerdo en la plaza mazatleca se encuentran Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Francisco «Curro» Rivera, Miguel Espinosa «Armillita Chico» y Julián López «El Juli». En el ámbito del rejoneo destacaron las actuaciones de Gastón Santos, Pablo Hermoso de Mendoza, Antonio Prates, Alejandro Amaya y Mónica Serrano, cuyos nombres forman parte de la memoria taurina de Mazatlán.
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Viento Bravo
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