Luis Sanguino, toros, ciudades y personajes para vencer al olvido

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Luis Sanguino, toros, ciudades y personajes para vencer al olvido

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Luis Sanguino, toros, ciudades y personajes para vencer al olvido

Luis Antonio Sanguino de Pascual nació en Barcelona el 13 de agosto de 1934 y murió el 12 de julio de 2026, a los 91 años. Fue uno de los grandes representantes españoles de la escultura figurativa monumental de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. Sus obras quedaron repartidas por España, Estados Unidos, México y Puerto Rico, pero fue en Madrid, Segovia, Nueva York y distintas ciudades mexicanas donde su firma alcanzó mayor presencia pública. No necesitó encerrar su producción en los museos: convirtió calles, plazas, cementerios, avenidas y fachadas en una exposición permanente.
Luis Sanguino en Valdeprados Segovia donde residió durante décadas
Luis Sanguino en Valdeprados Segovia donde residió durante décadas.jpg
Era hijo del abogado Aquilino Sanguino y de Rosa de Pascual, y ocupó el séptimo lugar entre ocho hermanos. La Guerra Civil alteró muy pronto el curso de su infancia. La familia abandonó Barcelona y emprendió un itinerario que pasó por Marsella, Mónaco y San Sebastián antes de establecerse en la finca La Raña, en la provincia de Córdoba. Aquel niño nacido junto al Mediterráneo creció entre los paisajes cordobeses y estudió con los salesianos de Pozoblanco. La geografía de su vida empezó, por tanto, con una mudanza forzosa y terminó convirtiéndose en uno de los rasgos centrales de su personalidad.
Valdeprados Caballo de Luis Sanguino e Iglesia de Santa Eulalia
Valdeprados Caballo de Luis Sanguino e Iglesia de Santa Eulalia.jpg
En Córdoba surgió también su relación con la materia. Modelaba pequeñas figuras con la cera desprendida de las velas y, hacia los ocho años, realizó en terracota Las Ruinas, un relieve pastoril inspirado en una ilustración conservada por su madre. En él aparecían ya algunos elementos que regresarían una y otra vez a su obra adulta: la figura humana, los animales, el paisaje y la necesidad de contar algo. Sanguino nunca entendería la escultura como una forma muda. Incluso sus monumentos más solemnes parecen estar detenidos en mitad de una narración.
Con su mujer Dana Woodward y compañeros de profesión
Luis Sanguino con su mujer Dana Woodward y compañeros de profesión.jpg
Madrid, escuela y supervivencia
La familia se trasladó posteriormente a Madrid y Cádiz. Durante la etapa madrileña, el joven escultor fue presentado a Mariano Benlliure, ya anciano, quien reconoció sus aptitudes y recomendó que continuara su aprendizaje junto a Federico Coullaut-Valera. En aquel taller aprendió las exigencias del oficio: el dibujo, el modelado, la talla, la anatomía y, sobre todo, el paso desde la pequeña figura hasta la escultura concebida para dominar un espacio público.
Madrid, Barrio de San Blas, Luis Sanguino, Monumento al astronauta
Luis Sanguino Monumento al astronauta en Madrid Barrio de San Blas.jpg
No fue una formación cómoda. Vendió nacimientos de escayola policromada en la Plaza Mayor de Madrid y llevó algunas de sus figuras a casas de empeño para obtener dinero con el que seguir trabajando. Tuvo un estudio en la calle de la Luna y aceptó encargos de carácter artesanal. Según las semblanzas de su vida, trabajó asimismo para un anticuario tallando imágenes religiosas en maderas antiguas, posteriormente policromadas y envejecidas. Aquellos años hicieron de él algo más que un artista con inspiración: lo convirtieron en un trabajador capaz de enfrentarse personalmente al barro, la piedra, la madera, la escayola y el bronce.
Vida de Luis Sanguino foto Vetustideces
Vida de Luis Sanguino foto Vetustideces.jpg
Su primera gran oportunidad llegó en 1952. Con apenas dieciocho años ganó, junto a Antonio Martín, el concurso para realizar las figuras conocidas como los guerreros dolientes del entonces llamado Valle de los Caídos. Fueron ocho esculturas de granito, de unos tres metros de altura, destinadas a la galería de acceso al crucero de la basílica. La dureza angular de las figuras, sus grandes planos y la sobriedad de los rostros revelan ya la voluntad monumental que habría de distinguirlo. Antes de cumplir veinte años, Sanguino había pasado de las figuras empeñadas para sobrevivir a intervenir en una de las mayores construcciones oficiales de la España de posguerra.
Los monjes soldado de Luis Sanguino Basílica del V. de los Caídos
Los monjes soldado de Luis Sanguino Basílica del V. de los Caídos.jpg
Nueva York: la conquista de la escala americana
En 1957 contrajo matrimonio con la estadounidense Dana Woodward, con quien tuvo tres hijos, y trasladó su residencia al estado de Nueva York. Llegó a Estados Unidos provisto, según se ha contado, de fotografías de sus trabajos españoles. Allí tuvo que convencer a galeristas, coleccionistas e instituciones de que aquel joven extranjero podía trasladar su dominio de la figura humana a las dimensiones de la gran ciudad.
Los emigrantes de Luis Sanguino Monumento ubicado en Nueva York
Los emigrantes de Luis Sanguino Monumento ubicado en Nueva York.jpg
Expuso en la Hammer Galleries de Manhattan y en Palm Beach, ingresó muy joven en la National Sculpture Society y conoció de cerca un ambiente artístico en el que convivían la tradición monumental y las vanguardias. Estudió la obra de Auguste Rodin, Constantin Brancusi, Amedeo Modigliani y Henry Moore, pero no abandonó la figuración. En una época en la que la abstracción se presentaba como el lenguaje inevitable de la modernidad, Sanguino siguió creyendo en el cuerpo, el rostro y el gesto.
Estatua de Ernest Hemingway en Pamplona obra de Luis Sanguino
Estatua de Ernest Hemingway en Pamplona obra de Luis Sanguino foto de J. Asunción.jpg
Su obra norteamericana más conocida es The Immigrants, instalada en Battery Park, Nueva York. El grupo presenta a hombres, mujeres y niños llegados de distintos lugares, cargados con equipajes, cansancio e incertidumbre. No es una imagen superficial de bienvenida, sino una escena de movimiento y esfuerzo. La obra posee además una resonancia autobiográfica: quien había abandonado Barcelona durante una guerra y cruzado después el Atlántico comprendía que una maleta puede contener los restos de una vida.
Caminero de Luis Sanguino
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En Estados Unidos realizó también retratos y encargos institucionales. Su catálogo incluye figuras relacionadas con John Fitzgerald Kennedy, Fiorello La Guardia y el industrial aeronáutico Donald W. Douglas. La amplitud de esos encargos confirmó su habilidad para traducir una biografía pública a un rostro reconocible. Sanguino no pretendía descomponer al personaje: quería darle una presencia capaz de resistir el tránsito acelerado de la ciudad.
Pedro Vargas de Luis Sanguino Parque del Retiro Madrid
Pedro Vargas de Luis Sanguino Parque del Retiro Madrid.jpg
México, la segunda orilla
En 1978 inició una nueva etapa al establecerse en México. Un año después contrajo matrimonio con la segoviana Curra Álvarez, madre de sus dos hijos menores. Durante aproximadamente trece años trabajó en monumentos cívicos, retratos oficiales, estatuas ecuestres y fuentes. México reforzó su clasicismo, amplió el tamaño de sus proyectos y lo relacionó con presidentes, instituciones y personajes centrales de la historia nacional.
Monumento a los niños héroes en Monterrey, Nuevo León, México
Monumento a los niños héroes en Monterrey, Nuevo León, México.jpg
Entre sus obras mexicanas se citan monumentos y retratos de Emiliano Zapata, Miguel Hidalgo, José María Morelos, varios expresidentes y el papa Juan Pablo II. También intervino en la Calzada de los Presidentes de Los Pinos. México no fue una estación ocasional, sino un territorio decisivo para su reconocimiento internacional. Allí se confirmó como un escultor de las dos orillas: llevaba a América una formación española y regresaba a España enriquecido por la escala y el repertorio simbólico americanos.
Fuente de Neptuno en Monterrey México de Luis Sanguino
Fuente de Neptuno en Monterrey México de Luis Sanguino.jpg
Durante aquellos años mantuvo frecuentes viajes a España. A finales de 1985 adquirió un torreón medieval en Valdeprados, pequeño municipio segoviano situado cerca de la carretera que une Segovia con la sierra madrileña. En 1990 se estableció definitivamente allí. El torreón se convirtió en casa, estudio y refugio: una construcción castellana desde la que continuó aceptando encargos destinados a Madrid, Segovia, México y otros lugares.
Angel Peralta en bronce por Luis Sanguino en la Real Maestranza
Angel Peralta en bronce por Luis Sanguino en la Real Maestranza de Sevilla.jpg
Un estilo reconocible frente a las modas
La obra de Luis Sanguino se apoya en un realismo figurativo de raíz clásica, pero no permanece inmóvil. Sus superficies pueden ser pulidas o vibrantes; sus figuras, serenas o sorprendidas en plena acción. El elemento común es la voluntad narrativa. Un inmigrante camina, un torero se enfrenta a la embestida, un mesonero levanta un plato, una figura rompe cadenas. El cuerpo cuenta la historia antes de que el espectador lea la inscripción.
El Encierro en la plaza de toros de Las Ventas
El Encierro en la plaza de toros de Las Ventas.jpeg
Trabajó especialmente el bronce, aunque dominó también el granito, la piedra, la madera, la terracota, la escayola y el mármol. En los retratos buscó el parecido físico, pero también un gesto que identificara al personaje. En los conjuntos monumentales ordenó las figuras para que pudieran observarse desde distintos puntos y dialogaran con la arquitectura. No fue solamente un modelador de estatuas: fue, en buena medida, un organizador de espacios urbanos.
Libertad en Oviedo de Luis Sanguino
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Se calcula que realizó varios centenares de bustos y retratos. Entre las personalidades representadas figuran reyes, escritores, políticos, cantantes, religiosos, empresarios y toreros. También trabajó en las puertas y elementos escultóricos de la Catedral de la Almudena, en Madrid; en el monumento a Miguel de Cervantes de la avenida de Arcentales; en las figuras Vida, Libertad y Paz de Oviedo; y en el monumento segoviano al mesonero Cándido López.
Luis Sanguino Monumento a Miguel de Cervantes
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En 1976 recibió la Cruz de la Orden de Isabel la Católica. La distinción reconocía tanto su carrera como su actividad de difusión cultural en Estados Unidos. Había contribuido a promover una celebración de la comunidad hispana en Nueva York, demostrando que su influencia no se limitaba a producir esculturas: también sabía reunir personas, instituciones e intereses alrededor de una idea.
El Yiyo Cementerio de la Almudena
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El escultor de los toros de Madrid
La tauromaquia constituye uno de los territorios principales de su producción española. No fue un motivo incidental ni un encargo aislado. El toro, el torero y la memoria de la plaza le permitieron trabajar con los dos elementos que mejor dominaba: el cuerpo sometido a tensión y el relato detenido en un instante. Por eso su obra taurina resulta tan reconocible. En ella, la anatomía no sirve únicamente para demostrar destreza técnica, sino para expresar fuerza, riesgo, movimiento o tragedia.
Monumento a José Cubero el Yiyo en Las Ventas obra de Luis Sanguino
Monumento a José Cubero el Yiyo en Las Ventas obra de Luis Sanguino.jpg
El entorno de la plaza de Las Ventas concentra varias de sus obras más conocidas. El monumento a Antonio Bienvenida, levantado en 1977, fue financiado mediante una suscripción popular y un festival taurino benéfico. El torero no aparece aislado sobre un pedestal, sino integrado en un grupo de ocho figuras. Sanguino convirtió el homenaje en una escena coral: alrededor del matador se reúne la comunidad que lo recuerda.
Antonio Bienvenida y su cuadrilla en Las Ventas
Antonio Bienvenida y su cuadrilla en Las Ventas.jpg
La elaboración del monumento tuvo una historia accidentada. La primera versión, realizada con materiales provisionales por la premura de los plazos, no convenció plenamente debido al parecido del rostro. El escultor rehízo partes esenciales antes de la fundición definitiva en bronce. El episodio resulta revelador: en el arte público, el retratado no pertenece solo al autor ni a la familia; pertenece también a quienes lo vieron torear y conservan de él una imagen precisa.
Luis Sanguino en el centro Victoriano Valencia y a la derecha el escultor Sebastián Miranda en las Ventas Foto Cano
Luis Sanguino en el centro Victoriano Valencia y a la derecha el escultor Sebastián Miranda en las Ventas Foto Cano.jpg
También es suyo el monumento a José Cubero «Yiyo» situado ante Las Ventas desde 1987. El joven matador había muerto en Colmenar Viejo, a los veintiún años, alcanzado por el toro Burlero. Sanguino no escogió una postura convencional de triunfo. Representó el momento trágico en que el cuerpo del torero es elevado por el pitón. La escultura transforma el accidente mortal en una imagen vertical, dolorosa y heroica. Años después, en 1995, otra efigie suya de Yiyo fue instalada en el parque de Canillejas, barrio madrileño estrechamente unido a la vida del torero.
El Yiyo Cementerio de la Almudena
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El Encierro, inaugurado el 14 de mayo de 1994, es su composición taurina de mayor extensión en Madrid. El enorme relieve de bronce recorre el muro exterior levantado durante la remodelación del entorno de Las Ventas. La escena muestra siete toros, dos cabestros y dos mayorales conduciendo la manada. No hay un diestro ni una faena. El protagonista es el desplazamiento compacto de los animales, el peso de los cuerpos, la inclinación de las cabezas y el ritmo de una marcha que parece continuar más allá del muro.
Luis Sanguino a Julio Robles torero de Salamanca
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