Sonora — Estado Libre y Soberano de Sonora
Sonora es uno de los estados más extensos del norte de México. Posee una superficie aproximada de 179.500 km² —algo más de la tercera parte de la superficie española— y una población cercana a los tres millones de habitantes. Limita al norte con los Estados Unidos, especialmente con Arizona y una pequeña parte de Nuevo México; al este con Chihuahua; al sur con Sinaloa; y al oeste con Baja California y el golfo de California.
Para el lector español, Sonora puede imaginarse como una inmensa región fronteriza donde conviven paisajes desérticos, explotaciones mineras, grandes ranchos ganaderos, valles agrícolas y una extensa costa pesquera. Su territorio presenta fuertes contrastes entre las dunas del noroeste, las llanuras costeras, las sierras orientales y los fértiles valles de los ríos Yaqui y Mayo.
La capital es Hermosillo, principal centro político, industrial y universitario del estado. Entre las demás ciudades destacan Ciudad Obregón, núcleo agrícola del valle del Yaqui; Nogales, importante paso fronterizo; San Luis Río Colorado, Navojoa, Guaymas, Agua Prieta, Caborca, Cananea y Puerto Peñasco. La economía se apoya especialmente en la minería, la ganadería bovina, la agricultura, la industria manufacturera, la pesca y el comercio con los Estados Unidos.
La vinculación histórica de Sonora con España comenzó durante el siglo XVI, aunque su conquista y colonización avanzaron con mayor lentitud que en las regiones centrales de la Nueva España. La aridez del territorio, las grandes distancias y la resistencia de los pueblos indígenas dificultaron el establecimiento permanente de los primeros europeos.
Las misiones jesuitas desempeñaron un papel decisivo en la organización del territorio. Entre sus protagonistas sobresale el religioso italiano al servicio de la Corona española Eusebio Francisco Kino, conocido como padre Kino, quien fundó y atendió numerosas misiones de la Pimería Alta entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII. Su actividad comprendió la evangelización, la cartografía, la introducción de cultivos y ganado y la apertura de rutas entre el actual norte de Sonora y Arizona.
De aquel periodo se conservan iglesias y antiguos establecimientos misionales en localidades como Magdalena de Kino, Caborca, Pitiquito, Oquitoa, Tubutama y Cocóspera. Estos edificios forman uno de los conjuntos históricos más característicos del norte novohispano y testimonian una colonización muy diferente de la desarrollada en las grandes ciudades del centro de México.
La identidad sonorense conserva una fuerte presencia indígena. En el estado habitan comunidades de los pueblos Yaqui, Mayo-Yoreme, Seri-Comcaac, Guarijío-Makurawe, Pima-O’ob, Tohono O’odham, Cucapá y N’dee-Apache. Sus territorios, lenguas, ceremonias, danzas y sistemas de gobierno tradicional constituyen una parte esencial del patrimonio cultural de la entidad.
El patrimonio natural tiene su máxima expresión en la Reserva de la Biosfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, inscrita en 2013 en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Sus más de 714.000 hectáreas reúnen campos de lava, grandes cráteres volcánicos y un sistema de dunas que alcanza los 200 metros de altura.
A este paisaje se suman las playas y los ecosistemas del golfo de California, la isla Tiburón, territorio tradicional del pueblo seri, y espacios costeros como Bahía de Kino, San Carlos y Puerto Peñasco. El encuentro entre el mar y el desierto constituye una de las imágenes más representativas de Sonora.
La tauromaquia llegó al territorio sonorense unida a la colonización española, a la formación de haciendas y misiones y a la expansión de la ganadería bovina. Las fiestas con toros acompañaron celebraciones civiles, religiosas y patronales, aunque las distancias y la escasa densidad de población impidieron que surgiera una red de plazas semejante a la existente en el centro de México.
Durante los siglos XIX y XX se organizaron corridas, novilladas, festejos de rejones y espectáculos cómico-taurinos en Hermosillo, Nogales, Ciudad Obregón, Guaymas, Navojoa, Cananea y otras localidades. Las poblaciones fronterizas adquirieron una importancia particular porque las corridas atraían también a espectadores procedentes de Arizona y de otras zonas del suroeste estadounidense.
Nogales fue el principal centro taurino de Sonora. Su condición fronteriza convirtió la plaza en un lugar de encuentro entre aficionados mexicanos y estadounidenses. Durante sus décadas de mayor actividad, especialmente entre los años cuarenta y setenta, numerosos visitantes cruzaban la frontera para asistir a las corridas y a los demás espectáculos ofrecidos en el recinto.
La actual Plaza de Toros de Nogales fue inaugurada el 20 de abril de 1952, aunque la ciudad había contado anteriormente con otros cosos. El edificio llegó a ser una referencia social y cultural de la frontera y por su ruedo pasaron toreros mexicanos y españoles. También acogió espectáculos cómico-taurinos, conciertos, lucha libre, rodeos y reuniones multitudinarias.
La cercanía con los Estados Unidos otorgó al coso una personalidad singular. En la década de 1960 era habitual que miles de ciudadanos de Arizona viajaran a Nogales para presenciar los festejos. La plaza funcionó así como escaparate internacional de la tauromaquia mexicana y como uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad fronteriza.
La actividad continuó de manera irregular hasta comienzos de la década de 1990. Después, el recinto permaneció cerrado durante aproximadamente veinticinco años y sufrió un progresivo deterioro. A partir de 2020 comenzaron algunas actuaciones de rehabilitación destinadas a recuperarlo para rodeos, conciertos y acontecimientos culturales. Su arquitectura y las pinturas taurinas de sus muros mantienen viva la memoria de la etapa en que Nogales ocupó un lugar destacado dentro del circuito mexicano.
La situación legal de la tauromaquia en Sonora ha atravesado tres etapas diferentes y debe explicarse completa para no confundir una prohibición histórica con el régimen actualmente vigente. La primera comenzó el 27 de junio de 2013, cuando se publicó la Ley de Protección a los Animales para el Estado de Sonora.
El artículo 8 de aquella ley establecía: «Queda prohibido en el Estado de Sonora otorgar permisos, licencias y cualquier tipo de autorización municipal para la realización de corridas de toros, novillos y becerros, asimismo, para los denominados rejoneos». Técnicamente, la norma prohibía a los ayuntamientos autorizar los festejos; su efecto práctico era impedir su celebración en todo el estado.
Con esta disposición, Sonora se convirtió en 2013 en la primera entidad mexicana que cerraba legalmente la posibilidad de celebrar corridas de toros. La reforma fue impulsada por colectivos antitaurinos y aprobada sin un debate amplio con aficionados, profesionales y representantes del sector, en un momento en el que la actividad taurina atravesaba una prolongada inactividad empresarial.
La segunda etapa comenzó con la Ley Número 291, publicada el 3 de diciembre de 2018. Esta nueva Ley de Protección y Bienestar Animal sustituyó el ordenamiento de 2013 y eliminó la prohibición taurina expresa. Su artículo 15 determinaba que los permisos para esta clase de actividades quedarían sujetos a los criterios y reglas que, en su caso, estableciera la autoridad ambiental.
Entre 2018 y 2024, por tanto, Sonora dejó de conservar en su legislación estatal una prohibición literal de las corridas. Esto no provocó el regreso de la actividad taurina: la falta de empresas, temporadas, plazas plenamente operativas y autorizaciones concretas mantuvo los festejos en una situación de paralización práctica.
Durante esos años, algunos informes continuaron incluyendo a Sonora entre los estados prohibicionistas sin mencionar el cambio legislativo de 2018. Buena parte de esos listados procedía de organizaciones animalistas y reproducía la situación originada por la ley de 2013, aunque la disposición que había establecido aquella prohibición ya no formaba parte del ordenamiento vigente.
La tercera etapa comenzó el 12 de septiembre de 2024 con la aprobación y publicación de una nueva Ley de Protección y Bienestar Animal para el Estado de Sonora, que abrogó la ley de 2018 y entró en vigor al día siguiente. Esta norma recuperó la prohibición expresa y la formuló con un alcance más amplio que el establecido en 2013.
El artículo 44, fracción I, prohíbe «el establecimiento y operación de espectáculos circenses donde se utilicen animales, taurinos o corridas de toros, novilladas», tanto en instalaciones fijas como itinerantes y con independencia de su carácter público o privado. Esta es la tipificación empleada por el legislador y debe entenderse como una formulación jurídica, no como una definición histórica o cultural de la tauromaquia. La norma puede consultarse en el Boletín Oficial del Estado de Sonora.
La ley permite, bajo determinadas condiciones, jaripeos, rodeos, cabalgatas, ferias ganaderas y otras actividades relacionadas con animales. Para su autorización exige la intervención de la Comisión de Ecología y Desarrollo Sustentable del Estado de Sonora, además de supervisión veterinaria y cumplimiento de los requisitos administrativos correspondientes. La lidia no aparece incluida entre las excepciones.
En consecuencia, desde septiembre de 2024 las corridas de toros, novilladas y demás festejos taurinos tradicionales vuelven a estar expresamente prohibidos en todo Sonora. No se trata actualmente de una mera falta de empresas o de una suspensión administrativa local, sino de una veda establecida por una ley estatal vigente.
La cronología correcta es, por tanto, la siguiente: Sonora prohibió las autorizaciones municipales para festejos taurinos en 2013; eliminó aquella prohibición expresa en 2018; y volvió a prohibir los espectáculos taurinos mediante la ley aprobada el 12 de septiembre de 2024. Decir que la prohibición se ha mantenido sin cambios desde 2013 omite el intervalo legal de seis años; afirmar que actualmente no existe prohibición contradice el artículo 44 vigente.
Las organizaciones antitaurinas presentan la legislación sonorense como un precedente para extender la prohibición a otras entidades mexicanas. Desde el ámbito taurino se señala que tanto la ley de 2013 como la de 2024 fueron aprobadas cuando la actividad llevaba años debilitada por la falta de iniciativa empresarial, sin que se desarrollara un debate suficiente sobre el valor cultural de los festejos ni sobre la conservación de su patrimonio material.
La desaparición de las temporadas no demuestra que Sonora careciera de tradición taurina. La afición fue menos numerosa que en Aguascalientes, Jalisco, Zacatecas, Querétaro o Tlaxcala, pero tuvo una presencia reconocible en Nogales y otras poblaciones. La continuidad de los festejos hasta comienzos de los años noventa y la conservación del coso fronterizo acreditan su importancia dentro de la historia social de la ciudad.
La ganadería de bravo tuvo una implantación muy limitada en Sonora. Aunque la entidad posee una de las culturas ganaderas más importantes de México, su cabaña se ha orientado fundamentalmente a la producción de carne, la cría extensiva y la exportación de reses hacia los Estados Unidos. No se desarrolló una concentración significativa de hierros de lidia registrados comparable a la existente en el centro del país.
Los toros lidiados en las plazas sonorenses procedían habitualmente de ganaderías establecidas en Jalisco, Zacatecas, Aguascalientes, Durango, Querétaro y otros estados. La distancia elevaba los costes de organización de las corridas, circunstancia que contribuyó a que los festejos fueran esporádicos y dependieran de empresarios capaces de trasladar reses, caballos y cuadrillas a través de largas rutas.
Esta dependencia exterior no resta valor a la historia taurina de Sonora. Al contrario, demuestra la capacidad de los empresarios fronterizos para insertar a Nogales en los circuitos nacionales y atraer a un público procedente de ambos lados de la frontera. Durante varias décadas, la plaza fue uno de los lugares donde la tauromaquia mexicana se mostró directamente ante numerosos espectadores estadounidenses.
Las charreadas, cabalgatas, rodeos, carreras de caballos, ferias ganaderas y determinadas modalidades de jaripeo continúan sometidas a su normativa específica. Esta diferencia jurídica confirma que la ley de 2024 seleccionó expresamente los festejos taurinos para prohibirlos, mientras permitió otras actividades ganaderas y ecuestres bajo autorización administrativa y supervisión veterinaria.
Resumen y cierre: Sonora es una extensa entidad fronteriza definida por el desierto, la ganadería, la minería, la cultura indígena y su relación cotidiana con los Estados Unidos. Su historia taurina fue menos intensa que la de los estados centrales, pero tuvo en Nogales un foco de proyección internacional. La situación jurídica ha cambiado dos veces desde 2013: la prohibición inicial desapareció en 2018 y fue restablecida, con mayor amplitud, mediante la ley de septiembre de 2024. En la actualidad existe una prohibición estatal expresa, aunque la decadencia de las temporadas había comenzado décadas antes por razones empresariales y por la pérdida de plazas operativas.
Principales ferias taurinas
Sonora no llegó a consolidar una gran feria taurina anual comparable a las de Aguascalientes, San Luis Potosí o Zacatecas. Los festejos más importantes se celebraron en Nogales, favorecidos por la llegada de visitantes estadounidenses y por las festividades cívicas y patronales de la ciudad.
También se organizaron corridas, novilladas y festivales de manera ocasional en Hermosillo, Ciudad Obregón, Navojoa, Guaymas, Agua Prieta y otras localidades. Desde comienzos de la década de 1990 no existe una temporada profesional estable y, desde la entrada en vigor de la ley de 2024, los festejos taurinos están expresamente prohibidos.
Plazas de toros fijas o de especial importancia
La plaza histórica de referencia es la Plaza de Toros de Nogales, inaugurada el 20 de abril de 1952. Durante sus años de esplendor recibió a destacados toreros y atrajo a espectadores procedentes de ambos lados de la frontera. Después de permanecer cerrada durante décadas, fue parcialmente rehabilitada para albergar rodeos, conciertos y otros acontecimientos.
En Hermosillo, Ciudad Obregón, Navojoa y otras poblaciones existieron recintos permanentes o plazas provisionales, pero ninguno alcanzó la continuidad histórica ni el valor simbólico del coso nogalense. Buena parte de estas instalaciones desapareció, cambió de uso o quedó integrada en espacios destinados a rodeos y espectáculos populares.
Personalidades ligadas a la tauromaquia
Sonora no produjo una figura nacional del toreo comparable a las grandes dinastías surgidas en el centro de México. Su historia taurina se construyó principalmente alrededor de empresarios fronterizos, aficionados, novilleros regionales y las figuras contratadas para actuar en Nogales.
Una personalidad especialmente relacionada con la plaza fue Mario Moreno «Cantinflas». Antes y después de convertirse en una de las grandes figuras del cine mexicano, participó en espectáculos cómico-taurinos y llegó a presentarse en nueve ocasiones en el coso nogalense. Su relación con la plaza forma parte de la memoria popular de la ciudad.
Más que por una figura local concreta, la importancia taurina de Sonora reside en la condición fronteriza de Nogales, en el público procedente de Arizona y en una plaza que convirtió durante varias décadas a la tauromaquia mexicana en un espectáculo de alcance internacional. La prohibición vigente impide hoy recuperar esa actividad, pero no elimina su lugar dentro de la historia cultural del estado.
Sonora — Estado Libre y Soberano de Sonora
Moderadores: EstoEsElPueblo, Escribiente
-
Viento Bravo
- Mensajes: 33
- Registrado: Sab Abr 27, 2024 8:07 pm