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Francisco Payá Sanchís, el pintor de la luz que llevó la tarde de toros al lienzo

Publicado: Sab Ene 10, 2026 4:19 pm
por EstoEsElPueblo
Francisco Payá Sanchís, el pintor de la luz que llevó la tarde de toros al lienzo

Francisco Payá Sanchís nació en Valencia el 9 de enero de 1892. Desde niño despuntó por una facilidad extraordinaria para el dibujo, hasta el punto de que sus maestros recomendaron encauzar esa aptitud hacia las Bellas Artes. Él, sin embargo, soñaba con la vida militar: esa tensión entre disciplina y vocación artística —entre la línea recta y el gesto libre— lo acompañaría siempre.

Su padre tomó la decisión por él y lo inscribió en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos, en Valencia. Allí completó los estudios con un expediente brillante y, con apenas 16 años, obtuvo medalla de oro y premios extraordinarios. En 1909, con 17, concurrió a la Exposición Regional de Valencia y logró medalla de oro y medalla de bronce en competencia con pintores ya asentados.
Payá Sanchís Triunfo torero de Rafael el Gallo
Payá Sanchís Triunfo torero de Rafael el Gallo.JPG
Formación temprana y primeros reconocimientos

La vida le cambió el paso de forma brusca: murió su madre en 1909 y, poco después, falleció también su padre. Con 18 años y responsabilidades familiares, se vio obligado a priorizar una salida práctica. Eligió una profesión técnica y se formó como telegrafista de la Marina Mercante, donde destacó hasta obtener el número uno en oposiciones; su destreza como dibujante se hizo útil incluso en la enseñanza técnica, elaborando esquemas e instalaciones para sus compañeros.
Francisco Payá Sanchís Fuente en el camino
Francisco Payá Sanchís Fuente en el camino.jpg
Aun así, la pintura tiraba más. Marchó a Madrid para acercarse al ambiente de oposiciones a cátedras de Dibujo y Pintura. Trabajó como dibujante en una casa litográfica alemana y estudió con constancia en la Biblioteca Nacional, pendiente de la antigua Gaceta de Madrid. El 17 de enero de 1917 obtuvo en sesión pública una cátedra en Santiago de Compostela, en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos, en la especialidad de Dibujo Artístico e Historia del Arte.

Entre la necesidad y la vocación artística

Al año siguiente pidió traslado a Almería, buscando proximidad con su tierra. Allí se consolidó su perfil doble: artista y organizador cultural, profesor y hombre de institución. En 1925 fue nombrado secretario y, junto al director José Rocafull de Montes, impulsó una campaña para levantar un nuevo edificio para la Escuela; el proyecto culminó con una inauguración en 1931, año en que Payá Sanchís asumió la dirección del centro.

Su etapa almeriense se recuerda por la vitalidad que imprimió a la enseñanza artística y profesional: talleres, formación técnica y, en paralelo, un empeño claro por hacer de la Escuela un foco cultural popular. En 1934 organizó la Exposición Provincial de Bellas Artes y Artes Industriales e inauguró una sección singular, El mercado del Inventor, concebida como escaparate para inventores, con notable éxito. Y, en un plano más patrimonial, colaboró en la fundación del Museo Arqueológico Provincial de Almería junto a Juan Cuadrado.
Francisco Paya Sanchis Pase por alto en la plaza de toros
Francisco Paya Sanchis En la plaza de toros.jpg
Almería: gestión cultural y liderazgo docente

En 1929 presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes el gran lienzo Heroica defensa de Monte Arruit (tres por cuatro metros), inspirado en la guerra de África. La crónica de su entorno subraya el reconocimiento recibido: elogios de Alfonso XIII, la Medalla del Homenaje a los Reyes, y su nombramiento como académico de una Real Academia vinculada a Bellas Artes y Ciencias Históricas.

Un nombre propio aparece como bisagra de su vida en esos años: su amigo Federico Marés Deulevol, que —según la memoria recogida— lo animó a trasladarse a Barcelona, “centro pictórico de primera magnitud”. El traslado se formalizó en 1940: el BOE publicó el nombramiento para plazas de “Dibujo artístico y Elementos de Historia del Arte” en la Escuela de Barcelona.
Payá Sanchís Adorno con el capote
Payá Sanchís Adorno con el capote.JPG
Reconocimiento oficial y giro vital

En Barcelona desplegó una producción intensa y una presencia expositiva sostenida, con muestras en la propia ciudad y en plazas como Madrid, Santander, Mallorca y Zaragoza. En 1952 presentó una Santa Cena de grandes dimensiones en el XXV Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona, ubicada en un lugar preferente. La culminación administrativa de su carrera docente llegó con su jubilación el 9 de enero de 1962.

Su pintura se ha adscrito con frecuencia a la Escuela Valenciana de la primera mitad del siglo XX, con afinidades hacia el luminismo y admiraciones declaradas por Ignacio Pinazo, Mariano Benlliure y, sobre todo, Joaquín Sorolla. Ese sello le valió el apodo de “pintor de la luz”: óleos donde la claridad manda, con sombras nítidas, color vivo y una pincelada que busca el tono justo sin perder frescura.
Payá Sanchís Adorno con la muleta
Payá Sanchís Adorno con la muleta.JPG
Barcelona y la consolidación del estilo

Como maestro dejó una estela afectiva además de técnica. Fuentes divulgativas lo señalan como profesor cercano, amigo y consejero de sus discípulos, y citan entre su alumnado a Jesús Pérez de Perceval y a Revello de Toro. Esa huella pedagógica ayuda a explicar por qué su figura no se limita a un catálogo: también forma parte de una transmisión de oficio, mirada y ética del trabajo artístico.

En la última etapa regresó al ámbito valenciano y fijó su vida en Olocau, donde falleció el 15 de mayo de 1977. Con el tiempo, su casa quedó vinculada a una función de conservación y exhibición: la llamada Casa-Exposición reúne relación de obra y testimonios familiares, y se ha convertido en un marco de referencia para entender su legado local.
Payá Sanchís Caída del picador
Payá Sanchís Caída del picador.JPG
El magisterio y la memoria viva

Dentro de su producción, la tauromaquia aparece como un territorio propio: no un capricho decorativo, sino un género donde Payá Sanchís pudo unir lo que mejor dominaba: dibujo, composición y esa luz mediterránea que hace legible el movimiento. En la relación de la Casa-Exposición de Olocau se registran lienzos taurinos con títulos muy expresivos, como Toreros en capilla (101×75), Toreo. Caída del picador (100×81), Toreo. Chicuelina (100×81), Toreo. Lance (100×81) y Torero. Pase de pecho (100×81). Esa enumeración ya revela un criterio: la suerte como instante plástico —capote, varas, muleta— y, a la vez, el reverso íntimo del rito (la capilla).

Hay, además, un cuadro especialmente “narrativo” por su carácter coral: Triunfo del torero Rafael “El Gallo” (99×72). No se centra en el pase, sino en el después: la salida a hombros, la multitud que empuja, el diestro elevado y sereno como una figura casi mítica. Es una tauromaquia entendida también como fenómeno social, como devoción popular y memoria de ciudad: el ruedo continúa fuera de la plaza, en la puerta y en la calle.
Payá Sanchís Falleros
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La tauromaquia como género pictórico propio

Si se mira el conjunto, su pintura taurina funciona como una crónica visual de la tarde de toros: el silencio previo (capilla), el choque dramático (caída del picador), la elegancia codificada (chicuelina), y el dibujo final del triunfo. Incluso en los títulos se percibe el interés por atrapar la “mecánica” del toreo —cada momento con su ritmo— sin renunciar a la atmósfera valenciana de claridad, color y sombra limpia.
Payá Sanchís Toro de lidia
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Proyección, mercado y valoración contemporánea

La tauromaquia en Francisco Payá Sanchís se entiende como una extensión natural de su mirada costumbrista: le interesan el rito, la técnica y la gente. En sus cuadros, el toro y el torero están construidos con dibujo sólido, pero lo que termina de “levantar” la escena es el dominio de la luz: el contraste entre sol y sombra en el ruedo, el brillo del traje, el ocre del albero y el rumor del tendido convertido en manchas vivas.
Payá Sanchís, Lance del toreo
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La relación de obra conservada en la Casa-Exposición de Olocau fija un pequeño corpus muy representativo: Toreo. Chicuelina, Toreo. Lance y Torero. Pase de pecho señalan su interés por el gesto puro, por el pase como caligrafía; mientras que Toreo. Caída del picador introduce el vértigo del percance y el dramatismo del tercio de varas.

La luz, el rito y la memoria popular

Por encima de todas, Triunfo del torero Rafael “El Gallo” aporta algo distinto: no es la lidia, sino la iconografía del triunfo. Ese enfoque lo acerca a una tauromaquia “de ciudad”, donde el héroe popular sale a la calle y la multitud se convierte en paisaje humano. Ahí su pintura taurina se vuelve también documento social, memoria de fiesta y devoción colectiva.
Payá Sanchís Toreros en capilla.JPG
Payá Sanchís Toreros en capilla