Egron Lundgren y su mirada artística al mundo: España, India y Egipto en acuarela
Publicado: Mié Dic 17, 2025 10:58 am
Egron Lundgren y su mirada artística al mundo: España, India y Egipto en acuarela
Egron Sellif Lundgren (Estocolmo, 18 de diciembre de 1815 – Estocolmo, 16 de diciembre de 1875) fue un pintor, acuarelista y escritor sueco, figura clave del costumbrismo europeo del siglo XIX y uno de los grandes mediadores culturales entre el norte de Europa y España. Reconocido internacionalmente por sus acuarelas de ejecución rápida, colorido luminoso y extraordinaria capacidad narrativa, su obra alcanzó una dimensión singular durante sus estancias en España, donde convirtió las costumbres populares —y de manera muy especial las corridas de toros— en uno de los ejes centrales de su producción artística y literaria.
Formación inicial y abandono de la carrera técnica
Nacido en el seno de una familia acomodada dedicada al comercio de la seda, Lundgren fue el sexto hijo de Erik Lundgren y Maria Elisabeth Fåhreus. Su padre murió cuando él aún era niño, circunstancia que marcó su carácter y su temprana inclinación por la observación y el dibujo. Aunque desde la infancia mostró una clara vocación artística, su formación inicial no fue estrictamente pictórica: en 1829 ingresó en el Instituto Tecnológico de Estocolmo, donde estudió ingeniería y minería, y llegó a trabajar como fundidor en la fábrica de Finspång.
Egron Lundgren Bueyes tiran de un carro en la India Ese contacto con el mundo industrial resultó breve. En 1835, decidido a seguir su verdadera vocación, abandonó definitivamente la carrera técnica e ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de Suecia. Allí permaneció hasta 1839, formándose en pintura al óleo, composición histórica y escenas de género, dentro de los cánones académicos vigentes, aunque ya entonces destacaba por su destreza en el dibujo y su inclinación hacia la acuarela.
París, Roma y la formación europea
En 1839 obtuvo una beca que le permitió trasladarse a París, donde copió obras en el Museo del Louvre y fue discípulo de Léon Cogniet. Durante estos años amplió su formación en arqueología e historia del arte bajo la tutela de Raoul Rochette y profundizó en el estudio de la perspectiva y la composición. En París entró en contacto con otros artistas viajeros, entre ellos Alfred Dehodencq, y recibió la influencia de maestros como Rembrandt y Durero, perceptible en su atención al gesto y al claroscuro.
Egron Lundgren La buena ventura En 1841 se estableció en Roma, integrándose en la colonia escandinava y en círculos artísticos internacionales, especialmente alemanes. Residió en Italia hasta 1849, viajando extensamente por Florencia, Venecia, Nápoles, Capri, Sorrento, Amalfi y Salerno. Fue en este periodo cuando comenzó a apartarse progresivamente de la rigidez del óleo para abrazar la acuarela como medio principal, atraído por su inmediatez, su ligereza y su capacidad para captar escenas al natural.
La llegada a España: un punto de inflexión (1849–1853)
En marzo de 1849, tras los disturbios políticos en Roma y la muerte de su madre unos años antes, Lundgren decidió alterar el itinerario habitual del Grand Tour. En lugar de regresar a Suecia, partió desde Marsella rumbo a España. Llegó primero a Barcelona, recorrió Valencia y Alicante, pasó por Granada —donde residió un tiempo cerca de la Alhambra— y continuó hasta Cádiz, remontando finalmente el Guadalquivir en barco de vapor hasta Sevilla, ciudad a la que llegó el 9 de agosto de 1849.
Egon Lundgren Procesión en Sevilla Lo que inicialmente iba a ser una breve estancia se prolongó casi cuatro años. Entre 1849 y 1853, Sevilla se convirtió en su verdadero hogar artístico. Instaló su taller, encontró una clientela internacional y local, se integró en un ambiente cosmopolita de coleccionistas británicos y burgueses sevillanos, y estableció una amplia red de amistades. Este periodo transformó radicalmente su pintura: abandonó cualquier ambición como pintor histórico y se volcó por completo en la representación de la vida cotidiana española.
España, costumbrismo y mirada etnográfica
La España que descubrió Lundgren le pareció un planeta diferente, como escribió desde Granada. Frente a la sobriedad nórdica y la tradición italiana, encontró un país de contrastes, rituales colectivos y fuerte presencia de lo popular. Sus acuarelas sevillanas muestran calles, mercados, talleres, tabernas, procesiones religiosas —especialmente la Semana Santa—, así como una galería de tipos sociales: campesinos, sacerdotes, ancianas, majas, gitanos y jóvenes bailando en patios y corrales.
Egron Lundgren En Toledo, España En el barrio de Triana halló muchos de sus modelos, especialmente dentro del mundo gitano, al que retrató con una mezcla de curiosidad, respeto y fascinación estética. Sus escenas no buscan el exotismo fácil, sino la descripción directa y viva de una sociedad observada desde dentro, fruto de su participación activa en la vida local.
Las corridas de toros en su obra
Entre todas las costumbres españolas que captaron su atención, las corridas de toros ocuparon un lugar destacado. Para Lundgren, la tauromaquia representaba una síntesis perfecta del carácter español: ritual, espectáculo colectivo, tensión dramática y participación popular. Durante su estancia en Andalucía asistió con frecuencia a festejos taurinos, especialmente en Granada y Sevilla, y realizó numerosas acuarelas y dibujos sobre el tema.
Obras como Från en tjurfäktning i Spanien (De una corrida de toros en España) o escenas de banderilleros y picadores muestran su interés por el movimiento, la luz del ruedo y la atmósfera de la plaza. Más que el momento heroico, le interesaba el conjunto del acontecimiento: el público en sol y sombra, los preparativos, los protagonistas secundarios y la teatralidad del ritual. Sus escenas taurinas, realizadas in situ, destacan por el uso expresivo del blanco, la pincelada suelta y un colorismo vibrante que transmite la intensidad del espectáculo.
Egron Lundgren Toreros Bullfighters En su libro En målares anteckningar: Italien och Spanien (1870), recopilación de diarios y cartas, describió su primera experiencia en una corrida con una mezcla de fascinación y crudeza, subrayando la emoción colectiva y el carácter ceremonial de la fiesta. Esta obra literaria obtuvo la medalla de oro de la Academia Sueca en 1871 y contribuyó decisivamente a fijar una imagen romántica, pero vivida, de España en los países escandinavos.
Londres, reconocimiento internacional y viajes posteriores
En 1850 fue elegido miembro de la Real Academia Sueca y en 1853, tras abandonar Sevilla, se trasladó a Londres junto a su amigo F. W. Topham. Allí inició la etapa de mayor reconocimiento internacional de su carrera. Fue admitido en la Old Watercolour Society en 1864 y obtuvo el favor de la reina Victoria, para quien trabajó como pintor, realizando retratos, escenas cortesanas e ilustraciones literarias, entre ellas obras de William Shakespeare.
En 1858 viajó a la India bajo contrato con Agnew & Sons para documentar la Rebelión de los Cipayos, produciendo más de quinientos dibujos y acuarelas. Durante la década de 1860, con Londres como base, viajó también a Egipto, Noruega, Italia y regresó en varias ocasiones a España (1857, 1862–1863 y 1867), renovando su vínculo con los temas andaluces.
Egron Seliff Lundgren En el pozo, Sevilla Últimos años y legado
En 1867 regresó definitivamente a Suecia, aunque siguió pasando temporadas en el extranjero. Su último viaje fue a Italia en 1873. En estos años finales se dedicó a paisajes suecos y a la publicación de sus memorias y escritos de viaje. Murió en Estocolmo el 16 de diciembre de 1875, dos días antes de cumplir sesenta años.
El legado de Egron Sellif Lundgren se conserva hoy en instituciones como el Nationalmuseum de Estocolmo y el Göteborgs Konstmuseum, donde sus acuarelas españolas ocupan un lugar destacado. Considerado pionero de la corriente hispanizante entre los artistas suecos, influyó decisivamente en generaciones posteriores como Ernst Josephson y Anders Zorn. Su obra sobre España —y de manera singular sobre las corridas de toros— permanece como uno de los testimonios visuales y literarios más valiosos del siglo XIX sobre la vida, las costumbres y la sensibilidad popular española vistas a través de los ojos atentos y apasionados de un viajero nórdico.
Egron Sellif Lundgren (Estocolmo, 18 de diciembre de 1815 – Estocolmo, 16 de diciembre de 1875) fue un pintor, acuarelista y escritor sueco, figura clave del costumbrismo europeo del siglo XIX y uno de los grandes mediadores culturales entre el norte de Europa y España. Reconocido internacionalmente por sus acuarelas de ejecución rápida, colorido luminoso y extraordinaria capacidad narrativa, su obra alcanzó una dimensión singular durante sus estancias en España, donde convirtió las costumbres populares —y de manera muy especial las corridas de toros— en uno de los ejes centrales de su producción artística y literaria.
Formación inicial y abandono de la carrera técnica
Nacido en el seno de una familia acomodada dedicada al comercio de la seda, Lundgren fue el sexto hijo de Erik Lundgren y Maria Elisabeth Fåhreus. Su padre murió cuando él aún era niño, circunstancia que marcó su carácter y su temprana inclinación por la observación y el dibujo. Aunque desde la infancia mostró una clara vocación artística, su formación inicial no fue estrictamente pictórica: en 1829 ingresó en el Instituto Tecnológico de Estocolmo, donde estudió ingeniería y minería, y llegó a trabajar como fundidor en la fábrica de Finspång.
Egron Lundgren Bueyes tiran de un carro en la India Ese contacto con el mundo industrial resultó breve. En 1835, decidido a seguir su verdadera vocación, abandonó definitivamente la carrera técnica e ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de Suecia. Allí permaneció hasta 1839, formándose en pintura al óleo, composición histórica y escenas de género, dentro de los cánones académicos vigentes, aunque ya entonces destacaba por su destreza en el dibujo y su inclinación hacia la acuarela.
París, Roma y la formación europea
En 1839 obtuvo una beca que le permitió trasladarse a París, donde copió obras en el Museo del Louvre y fue discípulo de Léon Cogniet. Durante estos años amplió su formación en arqueología e historia del arte bajo la tutela de Raoul Rochette y profundizó en el estudio de la perspectiva y la composición. En París entró en contacto con otros artistas viajeros, entre ellos Alfred Dehodencq, y recibió la influencia de maestros como Rembrandt y Durero, perceptible en su atención al gesto y al claroscuro.
Egron Lundgren La buena ventura En 1841 se estableció en Roma, integrándose en la colonia escandinava y en círculos artísticos internacionales, especialmente alemanes. Residió en Italia hasta 1849, viajando extensamente por Florencia, Venecia, Nápoles, Capri, Sorrento, Amalfi y Salerno. Fue en este periodo cuando comenzó a apartarse progresivamente de la rigidez del óleo para abrazar la acuarela como medio principal, atraído por su inmediatez, su ligereza y su capacidad para captar escenas al natural.
La llegada a España: un punto de inflexión (1849–1853)
En marzo de 1849, tras los disturbios políticos en Roma y la muerte de su madre unos años antes, Lundgren decidió alterar el itinerario habitual del Grand Tour. En lugar de regresar a Suecia, partió desde Marsella rumbo a España. Llegó primero a Barcelona, recorrió Valencia y Alicante, pasó por Granada —donde residió un tiempo cerca de la Alhambra— y continuó hasta Cádiz, remontando finalmente el Guadalquivir en barco de vapor hasta Sevilla, ciudad a la que llegó el 9 de agosto de 1849.
Egon Lundgren Procesión en Sevilla Lo que inicialmente iba a ser una breve estancia se prolongó casi cuatro años. Entre 1849 y 1853, Sevilla se convirtió en su verdadero hogar artístico. Instaló su taller, encontró una clientela internacional y local, se integró en un ambiente cosmopolita de coleccionistas británicos y burgueses sevillanos, y estableció una amplia red de amistades. Este periodo transformó radicalmente su pintura: abandonó cualquier ambición como pintor histórico y se volcó por completo en la representación de la vida cotidiana española.
España, costumbrismo y mirada etnográfica
La España que descubrió Lundgren le pareció un planeta diferente, como escribió desde Granada. Frente a la sobriedad nórdica y la tradición italiana, encontró un país de contrastes, rituales colectivos y fuerte presencia de lo popular. Sus acuarelas sevillanas muestran calles, mercados, talleres, tabernas, procesiones religiosas —especialmente la Semana Santa—, así como una galería de tipos sociales: campesinos, sacerdotes, ancianas, majas, gitanos y jóvenes bailando en patios y corrales.
Egron Lundgren En Toledo, España En el barrio de Triana halló muchos de sus modelos, especialmente dentro del mundo gitano, al que retrató con una mezcla de curiosidad, respeto y fascinación estética. Sus escenas no buscan el exotismo fácil, sino la descripción directa y viva de una sociedad observada desde dentro, fruto de su participación activa en la vida local.
Las corridas de toros en su obra
Entre todas las costumbres españolas que captaron su atención, las corridas de toros ocuparon un lugar destacado. Para Lundgren, la tauromaquia representaba una síntesis perfecta del carácter español: ritual, espectáculo colectivo, tensión dramática y participación popular. Durante su estancia en Andalucía asistió con frecuencia a festejos taurinos, especialmente en Granada y Sevilla, y realizó numerosas acuarelas y dibujos sobre el tema.
Obras como Från en tjurfäktning i Spanien (De una corrida de toros en España) o escenas de banderilleros y picadores muestran su interés por el movimiento, la luz del ruedo y la atmósfera de la plaza. Más que el momento heroico, le interesaba el conjunto del acontecimiento: el público en sol y sombra, los preparativos, los protagonistas secundarios y la teatralidad del ritual. Sus escenas taurinas, realizadas in situ, destacan por el uso expresivo del blanco, la pincelada suelta y un colorismo vibrante que transmite la intensidad del espectáculo.
Egron Lundgren Toreros Bullfighters En su libro En målares anteckningar: Italien och Spanien (1870), recopilación de diarios y cartas, describió su primera experiencia en una corrida con una mezcla de fascinación y crudeza, subrayando la emoción colectiva y el carácter ceremonial de la fiesta. Esta obra literaria obtuvo la medalla de oro de la Academia Sueca en 1871 y contribuyó decisivamente a fijar una imagen romántica, pero vivida, de España en los países escandinavos.
Londres, reconocimiento internacional y viajes posteriores
En 1850 fue elegido miembro de la Real Academia Sueca y en 1853, tras abandonar Sevilla, se trasladó a Londres junto a su amigo F. W. Topham. Allí inició la etapa de mayor reconocimiento internacional de su carrera. Fue admitido en la Old Watercolour Society en 1864 y obtuvo el favor de la reina Victoria, para quien trabajó como pintor, realizando retratos, escenas cortesanas e ilustraciones literarias, entre ellas obras de William Shakespeare.
En 1858 viajó a la India bajo contrato con Agnew & Sons para documentar la Rebelión de los Cipayos, produciendo más de quinientos dibujos y acuarelas. Durante la década de 1860, con Londres como base, viajó también a Egipto, Noruega, Italia y regresó en varias ocasiones a España (1857, 1862–1863 y 1867), renovando su vínculo con los temas andaluces.
Egron Seliff Lundgren En el pozo, Sevilla Últimos años y legado
En 1867 regresó definitivamente a Suecia, aunque siguió pasando temporadas en el extranjero. Su último viaje fue a Italia en 1873. En estos años finales se dedicó a paisajes suecos y a la publicación de sus memorias y escritos de viaje. Murió en Estocolmo el 16 de diciembre de 1875, dos días antes de cumplir sesenta años.
El legado de Egron Sellif Lundgren se conserva hoy en instituciones como el Nationalmuseum de Estocolmo y el Göteborgs Konstmuseum, donde sus acuarelas españolas ocupan un lugar destacado. Considerado pionero de la corriente hispanizante entre los artistas suecos, influyó decisivamente en generaciones posteriores como Ernst Josephson y Anders Zorn. Su obra sobre España —y de manera singular sobre las corridas de toros— permanece como uno de los testimonios visuales y literarios más valiosos del siglo XIX sobre la vida, las costumbres y la sensibilidad popular española vistas a través de los ojos atentos y apasionados de un viajero nórdico.